domingo, 15 de diciembre de 2013

La niña "machote".



A la niña "machote" le encantaba jugar con sus coches de miniatura. Tenía que tener mucho cuidado porque sus padres se los escondían y se los cambiaban por muñequitas de color rosa de vez en cuando.

No había cosa que menos le gustara a la niña machote que el color rosa. Ella quería jugar con pelotas blancas, con coches verdes, con puzles multicolor, pero ni hablar del color rosa, le parecía muuuuy cursi.

Su papá y su mamá estaban muy preocupados porque le gustaba ponerse pantalones y embarrárselos jugando al fútbol… -¡Eso no es cosa de niñas, Alejandra!- le decían. La niña se llamaba Alejandra, como habréis adivinado, pero prefería que la llamasen Álex, porque, según decía ella, molaba más.

En el cole, a Álex la miraban raro. Hablaban en voz baja cuando pasaba con sus guantes de portero de fútbol “mírala, ¡la niña "machote!" Jajaja!” Se reían de ella…

Ella se sentía un poco sola, pero tenía muy claro que no quería ponerse lacitos en el pelo y hablar de novios como las otras chicas de su clase… -¡Por Dios, soy una niña, ¿por qué no puedo yo jugar con mi coche de radio control o hablar del paradón que hice el domingo pasado?- Solía quejarse mientras se comía un bocata de chorizo… algo muy poco femenino según la Vane, la más popular de su clase.

Vane tenía siempre algo que decir sobre lo que hacían los demás y siempre tenía un montón de amigas alrededor que hacían lo que ella quería. No había cosa que más le gustase que meterse con Álex. – ¡Mírala con la peonza! Parece tonta…¿Y los pelos que me trae? Se lo podía alisar un poco…y todas las niñas “jajaja! Es verdad lo que dice la Vane! Qué boba es la niña "machote”.

Todo le iba mal a Álex, hasta que un día…

-Niños y niñas, quiero que me escuchéis, al final de este mes representaremos una obra de teatro sobre el personaje que hemos estudiado, El Rey Arturo, y voy a sortear los papeles -Dijo la seño Antonia.
No había películas que más le gustasen a Álex que los del Rey Arturo, soñaba con ser un caballero andante que ayudase a la gente y salvase muchas vidas de peligros y monstruos verdes enormes.

- Voy a repartir los papeles masculinos por un lado y los femeninos por el otro… El Rey Arturo podrá ser cualquiera de vosotros- anunció la seño.
A Álex no le hizo gracia la posibilidad de ser una princesita vestida con un traje supercursi, pero se calló.

Cuando metió la mano en la bolsa del sorteo y cogió su papel… se hizo un silencio impresionante en la clase… ¡le había tocado ser El Rey!

Es verdad que a Álex se le daba bien la interpretación, inventaba conversaciones interminables cuando jugaba con sus muñecos de piratas, pero un rey…se quedó blanca del susto.

Sus padres renegaron un poco del papel que le habían asignado, pero le ayudaron en lo que pudieron. La seño Antonia también se portó muy bien con ella y le trajo una barba postiza de casa digna del más noble caballero. ¡Álex incluso dormía con ella! Claro…luego se levantaba con la cara rojísima, porque esas barbas pican una barbaridad…

Cuando llegó el día de la actuación, Vane, que interpretaba a la reina Ginebra con un vestido rosa como la más rosa de las rosas, no perdió la oportunidad de meterse con ella. – ¡Niña "machote", una barba como esa vas a echar cuando seas mayor!- y todas las niñas de alrededor “ayyy sí, ¡mírala que pintas! ¡jajaja!”.
Álex se les quedaba mirando triste, pero convencida de que siendo Arturo su rey favorito, tenía que hacer el papel de su vida. Había practicado muchísimo delante del espejo de su habitación. Su padre incluso le había enseñado a pegar porrazos en la mesa para que sus enfados y sus órdenes a los caballeros parecieran más reales.

Cuando empezó la función todo el mundo miraba a Álex… - Suerte hija- le dijeron sus padres. -¡Vamos campeona!- dijo la seño Antonia y le dio un abrazo para animarla.
Al final de la obra, cuando estaba a punto de matar al dragón que tenía secuestrada a su querida princesa Ginebra (la Vane), Álex se paró en seco…

- Dragón, ¿quieres conservar tu vida?- Dijo con voz potente.
La seño Antonia se echó las manos a la cabeza… ¡Álex estaba cambiando el guión! Miró al dragón con cara de pánico y le indicó que le siguiera el juego a Álex, total… ella era El Rey Arturo.

- Sí, claro que quiero. – dijo Pablito con voz de dragón.
- Pues cómete a Ginebra, ¡que me tiene hasta las narices!- dijo Álex con voz divertida.
La gente se sorprendió tanto del final de la historia que se echó a reír y no paró hasta llorar a carcajadas.
La cara de la Vane era un poema… simplemente no se lo esperaba…¡ y mucho menos que hasta sus amiguísimas se rieran también de ella!


Cuando salían todos del cole, la gente felicitó a Álex y todos reconocieron que era una gran artista. Nadie volvió a meterse con ella y así pudo seguir jugando al fútbol y con sus piratas con total tranquilidad. La única que no le volvió a hablar era la Vane, que ya no se molestaba ni en llamarla “niña machote”, porque ya no le hacía gracia a nadie. Pero a Álex no le importaba, sólo pensaba “espero que algún día se canse del color rosa, le va a ir todo mucho mejor…”.

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