viernes, 22 de noviembre de 2013

Cuadros de humo.


Había pintado el cuadro en menos de dos días y ya llevaba por casa un tiempo. Decidió ofrecérselo a un restaurante que colgaba obras de ese tipo sin importar casi de quien fueran. Había dibujos de paisajes melancólicos, de gente paseando bajo la lluvia, de parejas que se miraban o se daban la mano... Todos ellos de baja o ninguna calidad artística. El camarero le indicó donde se sentaba la dueña. Era una mujer de mediana edad, sin mucho que destacar en cuanto a físico, pero con ojos tristes y el pelo liso que ya empezaba a blanquear, lo que le daba un aire agotado. Se acercó a ella con las manos en los bolsillos y el cuadro debajo del brazo derecho, agachando la cabeza como si esperase de un momento a otro un rapapolvo de uno de sus ex profesores de bellas artes por semejante atrevimiento.

- Perdón, me han dicho que hablase con usted...-

- ¿Conmigo?- alzó los ojos y se le quedó mirando, como intentando averiguar por qué iba a ser la reclamación esta vez.
- Querría ofrecerle un cuadro, por si me pudiera usted ayudar a darme a conocer colgándolo de la pared. - dijo en voz baja, casi imperceptible.
- A ver qué pinta tiene- le animó ella con media sonrisa.
Desenvolvió el dibujo a carboncillo, que llevaba en varias capas de tela para evitar que se mojase con la lluvia durante el camino. Era un retrato de un hombre de unos 50 que fumaba lo poco que le quedaba de un cigarro por debajo de una poblada barba blanca y que entornaba los ojos por el humo. Se le había clavado en la retina por la mirada al infinito. Lo vio haría dos meses cuando el hombre estaba a punto de tomar un barco con bandera de un país de la otra punta del mundo. Se le quedó mirando, grabando cada una de las arrugas de sus ojos en la memoria y en cuanto llegó a casa se puso manos a la obra con el carboncillo.
- No.
- ¿Por qué?

- No.
Salió del local llorando de rabia. Era la primera vez que intentaba colocar algo y la rapidez de la respuesta le había dejado helado. Tomó la decisión de no volver a tocar nada parecido a una pintura en su vida. Se dedicaría a escalar en la sociedad o simplemente a sobrevivir haciendo cualquier otra cosa. La frustración le había abierto los ojos....


- Elena...¿Por qué no se lo has cogido al pobre chico? Se ha ido hecho una mierda y la mayoría de los cuadros que hay aquí son una porquería, este al menos tenía talento...
- Porque era Emilio, María...Y a Emilio no quiero verlo ni en pintura.

Fin.






 

2 comentarios:

  1. Mi aportación al texto puede deducirse de un criterio nulo, pero una opinión escuchable, texto de facil lectura, con una intriga misteriosa, que deja al lector pensativo y hace releer el texto por si se ha perdio algo en el camino, puntuales descripciones, las justas necesarias para irse imaginando la situación mentalmente, si la intencionalidad es esa, bravo, lo has conseguido y me lleva a tal descolocación, que me hace ignorantemente necesaria hacerle ( a usted ) la siguiente pregunta, ¿ le conocía ?

    Att: el hombre de la gituning, o mildu, también conocido por ser el hombre que impulsó jugar al ping pong en una puerta de madera.

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    1. Eso lo dejo a tu elección, ahí está la gracia :) Emilio puede ser quien tú quieras.

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